Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell
La Cara Norte del Cid

Publicado en la revista Vivir en Elda, nº 366/julio 2007

A principios de los años 60, se inicia la escalada en Elda y el Cid, aunque más concretamente, La silla del Cid, que domina el valle con su peculiar figura y doradas paredes, llamó pronto la atención de los escaladores que ya, en 1963, se atrevieron por primera vez con sus precipicios, al escalar el hombro Sur de la montaña (vía Zapata 3-3-63). Los hermanos Navarro, fueron también aquí, los primeros.
Durante la primera década, se contabilizó algún que otro escarceo con aquellas desechas paredes, pero siempre en sus vertientes orientadas al Sur y al Este, donde, la roca está menos descompuesta que en las opuestas del Norte y Oeste.
Si tengo que dar fe del primer intento que conozco a la sombría cara de la montaña, he de referirme al que Rafael Montero Fernández y yo mismo, protagonizamos a mediados de 1967, con escaso material, poca experiencia y mucho miedo, retirándonos en el primer largo de pared que forzamos a la izquierda del comienzo de la que hoy se conoce como vía clásica o vía ferrata de la cara Norte. No teníamos ninguna posibilidad de éxito, habiéndonos llevado allí la ilusión antes que el conocimiento, pues aquella pared estaba consideraba en aquella época no escalable, a causa de la mala calidad de la roca.
Fue a mi regreso de la expedición al Atlas marroquí, cuando nos enteramos que los ilicitanos Juan Montesinos y Rafael Botella, habían superado la pared recientemente. Se dice que en 1970, pero yo creo que fue en el verano de 1971, pues meses más tarde, tuve ocasión de hablar con el propio Rafael Botella, quien me informó de su escalada. Pronto se corrió la voz entre los escaladores del momento y el día 9 de Septiembre de 1971, en plenas fiestas de septiembre, la cordada compuesta por Domingo Botella y Juan Mataix, realizó un intento fallido a la pared, como consta en el parte de actividades del Grupo de escalada de aquella fecha. El mismo día, José Navarro y su grupo, se habían bajado también de la pared, dejándola equipada para continuar posteriormente.
El día 19 del mismo mes nos dirigimos a la pared Domingo Botella y yo, mientras Juan Mataix y José Miguel Martí, subieron hasta la cima del Cid, por si tuvieran que prestarnos ayuda desde arriba en un momento dado. Cuando llegamos José Navarro ya había retomado la escalada en el punto que la había dejado y luchaba denodadamente con la peligrosa pared, en su intento de trazar una ruta lo más directa posible.

Desde Rabosa, había llamado mi atención la línea diagonal más recta, una vez descartado mi intento por las Terrazas situadas a su izquierda, que resultaron estar defendidas por sucesivos desplomes
Desde mi fallido intento del 67, había observado la pared desde las montañas limítrofes, llegando a la conclusión sobre cuál debía ser la “llave” de aquel muro y me convencí de que aquella diagonal que surcaba toda la pared, debía ser en camino, algo que resulta más evidente, desde lejos, que si te encuentras al pie mismo de la roca.
En la foto, de aquel mismo día de la apertura, estoy
en el segundo largo de la vía.
Partes de actividad de los intentos, anterior y posterior a la fecha de apertura y el del 19 de Septiembre de 1971, cuando se logra la variante Maestre-Botella, debidamente firmados.
El desplome inicial de la pared es importante y la vía que tomó Navarro, peligrosa por la constante caída de piedras. El trazado recto le obligó a usar estribos, mientras que Domingo y yo ganamos la cima de la primera barrera con mayor facilidad, aunque no sin riesgo, pues recuerdo como me latía el corazón subiendo por la vira final del primer tramo, antes de doblar el resalte que da vistas a la primera campa, ignorando si aquel aparente camino tendría o no una salida. Usamos doble cuerda atada directamente al cuerpo con nudo bajo, (le llamábamos “de braga”) pues en caso de caída era importante tener libertad de movimientos en aquel desplome. Todavía no conocíamos lo que era un arnés, ni nada parecido, ni tampoco clavijas bong y en su defecto empleamos tacos de madera. Si se observa, pueden verse colgados de la cinta porta material en la fotografía y por supuesto, bota rígida de alta montaña.
Me alivió mucho alcanzar la zona de monte, pues la cornisa estaba mucho más sucia de ramas y piedras inestables y era bastante más insegura que ahora, tras el paso de cientos de cordadas. Luego, mientras aseguraba a mi compañero vi salir, más abajo, a Navarro, tras superar su tramo de pared.
Hoy, muy pocos saben que para superar el primer escalón rocoso existen tres rutas: De derecha a izquierda, la ilicitana, que comienza mucho antes de llegar a la base de la Norte, (según Botella, partieron del collado), la Pipona y la Maestre-Botella, que así fue bautizada aquella variante de entrada a la pared, si bien el paso del tiempo y la evidencia de ser la más lógica de las tres rutas abiertas, la han convertido en la clásica de la cara norte y últimamente conocida como “ Vía del cable de la cara norte” o la vía “Ferrata de la norte del Cid”.
Superada la primera barrera, el siguiente tramo de roca hasta la cueva y la posterior salida lateral a la llamada Plaza ilicitana, son coincidentes con todas las rutas posibles. Todos pasamos por el mismo sitio y sigue siendo el único paso hoy en día, pero desde la plaza ilicitana, Domingo y yo trazamos una ruta en línea recta hasta el inicio de la chimenea, en lugar del rodeo que hoy se hace por los grandes bloques de la ruta equipada. También al final de la pared, en vez de salir mediante un paso transversal hacia la izquierda y ganar la cima, nuestro trazado subió en línea recta, más expuesto.
La pared no era ninguna broma y había sido catalogada de Muy Difícil, (Vº sup.), por su peligrosidad, por todos los primeros ascensionistas. Se dio la circunstancia de que, semanas después, el 28 de Noviembre, otras dos cordadas de escaladores que buscaban realizar la repetición por la variante Maestre-Botella fracasaron en el intento y la vía no fue repetida hasta el año siguiente.
Es obvio decir que sin esta variante de entrada, la pared habría sido olvidada como lo han sido el resto de las desconocidas rutas que existen en la montaña.
En la primera campa, llegando al pie de la segunda barrera. Véase el nudo de braga y pecho y el martillo en el bolsillo trasero del pantalón, a falta de martillera y es que, menos ilusión, nos faltaba de casi todo.
Cara Norte: 1 Vía Ilicitana. 2 variante Maestre-Botella, convertida en la clásica y 3 variante Pipona.
Alrededor de 1977 Domingo Botella y Antonio Riquelme (no yo, como se dice en un artículo) equipan la ruta con una cable, con el fin de subir más veces por ella a modo de entrenamiento, según me contó el segundo, y de ser cierto que tardaron casi un año en instalar el cable (cosa que desconozco) debió ser todavía, como mínimo un año después, o sea, en 1978., no en 1972 como se ha afirmado.
En todo el itinerario, salvo en el primer paso de la pared, instalaron un delgado cable sobre los anclajes ya existentes y algún otro que fue preciso colocar para que esa guía siguiera la línea trazada, usando, supongo que para economizar, trozos de estantería metálica. A partir de entonces la gente comenzó a llamar la ruta como “el cable de la norte”. Personalmente alabé el que no lo hubieran equipado desde el mismo suelo, puesto que de aquella manera, quienes subieron por allí tenían que tener unos mínimos conocimientos de escalada, pero años después, ya no sé quién lo hizo, se empalmó hasta abajo el cable y allí comenzó el desmadre, pues cualquiera, sin necesidad del más mínimo arrojo, podía cogerse a él desde el principio. Aquel primer tramo de pared, marcaba la diferencia entre un escalador y quien no lo era.
Tampoco es cierto que esta vía se equipase y fuese la más usada, para evitar el diedro de entrada a la pared, refiriéndose a la línea abierta por Pipona, pues ni aquella ruta, ni tampoco la ilicitana, merecieron muchas repeticiones (yo no he sabido de ninguna). Tampoco se equiparon, ya que, desde aquel 19 de septiembre de 1971, la única ruta que siguieron los escaladores de la época y después todos los demás hasta hoy ha sido la variante Maestre-Botella.
A pesar de todo, la cara norte siguió estando reservada exclusivamente a los escaladores y así continuó hasta finales del siglo XX, fue, según cuenta la propia federación, en enero del 2002, cuando Leandro Irles, directivo de la misma: cambia e incrementa todos los anclajes del cable, colocando químicos y reorganizando éstos de una forma más optima para parar posibles caídas si utilizamos un aseguramiento típico de vía ferrata.
Continúa diciendo el artículo: Este re-equipamiento popularizó esta clásica ya olvidada y la puso de moda por su asequibilidad, belleza y buena equipación y poco grado, apenas algún paso de IVº+ solventado en muchos casos utilizando el cable como cuerda o maroma fija de progresión, el cual no es su objetivo. Esto convierte a la ruta Norte de ser visitada ocasionalmente por algún escalador, a ser una vía muy repetida y a veces en grupos numerosos.
Desde luego quienes escribieron esto, demuestran no saber nada de esta zona, pues la cara norte del Cid nunca ha sido una ruta olvidada, más bien todo lo contrario, pues ha estado en calendarios deportivos y celebraciones del Club Alpino Eldense y de otros grupos, todos los años, siendo recorrida en todo tiempo, e incluso, como dije, tomada como una asignatura pendiente por los nuevos escaladores del valle. La diferencia hoy, es la masificación, pues antes escalaban la pared quienes tenían conocimientos y preparación para hacerlo, mientras que ahora, hay hasta ofertas de rebaja de precio por parte de alguna empresa en la que, por cierto, están relacionados directivos de la propia federación valenciana. Esto que no es malo, pues sólo es un negocio, (eso sí, según opiniones, con dudosa ética) está propiciando que los novatos “paganinis”, tras conocer la ruta, se atrevan luego a llevar a sus amigos, con el mismo grado de inexperiencia, montándose así el peligroso “circo” actual, que muchos escaladores sensatos están denunciando desde hace tiempo.
En el año 2003, se equipó el acceso al pie de la vía, desde prácticamente el mismo camino, sigue la federación: para evitar la degradación que se había provocado planteándose desde entonces un modelo de ruta claramente, de vía ferrata. 

                  Una clásica muy bien equipada
                  La sierra del Cid se encuentra entre los municipios de Petrer,
                  Novelda y Monforte del Cid, se extiende en dirección
                  Noroeste–Sureste y tiene un relieve muy peculiar en su parte
                  más Occidental. Una atrayente forma de meseta elevada
                  denominada Silla del Cid se alza vigilante hacia el Medio
                  Vinalopó.
                  La via clásica de escalada de la Norte del Cid fue abierta por
                  los ilicitanos Rafael Botella y Juan Montesinos en 1970. Ya en
                  1.971, Domingo Botella y Juan Manuel Maestre la repiten con
                  una variante de entrada, y Domingo, junto a su compañero del
                  alma Antonio Riquelme Albert, en Marzo de 1972 empiezan a
                  re-equipar la clásica de la Norte del Cid, con su variante, de
                  una forma “innovadora” y diferente a la época, en España la
                  escalada libre empezaba a dar sus primeros coletazos. Estos
                  escaladores proponen como línea de seguridad en la ruta un
                  cable fraccionado a anclajes ya existentes y buriles, más
                  adelante a mitad de los noventa Domingo utilizaría parabolts.
                  El recorrido de este itinerario intenta buscar las partes más
                  fáciles de ascenso a la Silla del Cid por esta vertiente, lo
                  que le lleva a evitar el primer diedro de entrada por una vira
                  en diagonal a la derecha y algún otro paso sin importancia en
                  la parte media; la dificultad de la vía pasó de Vº a IVº+.
                  Con el paso del tiempo esta vía tomará el nombre popular de
                  ruta del “Cable del Cid”. La filosofía de esta técnica de
                  aseguramiento se concluye en las palabras de Domingo cuando se
                  le pregunta porqué la equiparon de esta forma y contesta “Para
                  hacer el itinerario más asequible al mayor número de
                  montañeros”. Lo que también es de destacar es las
                  características de la obra que realizaron pensemos que a
                  principios de los setenta solo se podía llegar en coche hasta
                  la “Casica del Forestal”. Desde ahí hasta el pie de vía hay
                  una hora de camino y hasta la cima hora y media, y todo esto
                  cargado. Según Domingo tardaron un año en colocar el cable.

                  Más tarde, en 2002, Leandro Irles reequipa con formato de vía
                  ferrata. Tras otros arreglos posteriores para proteger y
                  reconducir la vía por zonas a las que el tránsito de
                  escaladores no erosionase demasiado la vía, esta recibe su
                  definitivo aspecto. El resultado: una vía ferrata hermosa, con
                  mucho ambiente, bien equipada, fácil pero con tramos muy
                  aéreos y disfrutones. Hay que tener en cuenta que ese "fácil"
                  significa que se deja hacer sin ningún problema siempre que
                  dominemos el IV grado, pues no todos los pasos verticales
                  poseen escalones. De hecho los mejores tramos, los de más
                  ambiente, son aquellos en los que sólo hay un cable para
                  asegurar pasos de grado cercano o igual a IV.


                  RECOMENDACIONES PARA LA REALIZACION DEL ITINERARIO
                    Se trata de una ruta con posibilidad de caída y
                    desprendimientos de piedras por la precariedad de la roca en
                    casi todo su trayecto.
                    La cima de la Silla del Cid es muy visitada y esto aumenta
                    el peligro de caídas de piedras por senderistas (máximo
                    cuidado en fines de semana).
                    El uso del casco es obligatorio.
                    En invierno es una zona muy fría y húmeda, es aconsejable el
                    uso de guantes para cogerse a los escalones metálicos.
                    Respetar los senderos en todo el macizo tanto en el acceso
                    como en el retorno.
                    El itinerario tiene más de 300 metros de longitud y 250
                    metros de desnivel, se requiere de una condición física
                    buena y de una familiarización con los espacios abiertos y
                    altos.


FERRATA DE LA CARA NORTE DEL CID
SKALADA NOCTURNA
CROQUIS
LA NORTE CON NIÑOS