Pero como hemos adquirido ese aprendizaje sin todavía tener bien asimilado cómo va el brazo bajo el agua, lo que haremos para conseguir su control es: o bien acabar nadando con el brazo prácticamente estirado bajo el agua y tirar con toda nuestra fuerza la pala de delante hacia atrás; o bien, para poder llegar a moverla con la misma aceleración que el nado normal, llevar la trayectoria de nuestro brazo hacia el lado y atrás en lugar de hacia abajo y atrás, con lo que perdemos la posibilidad de arrastrar más masa de agua, avanzamos menos y encima empeora nuestra ejecución del gesto técnico.
¿Qué podemos hacer en tal caso? Os aconsejo que, por supuesto, empecéis con ejercicios de técnica de remada. Mientras estáis en esta fase podéis introducir palas, siempre que estas sean de un tamaño similar al de vuestra mano, pero nunca las que ocupan una superficie superior a la palma.
Finalmente, a medida que el trabajo se asimila correctamente, entonces podemos dar un paso más intentando nadar más rápido (mayor trabajo de potencia muscular en el agua: no sólo nadamos con más resistencia, sino que buscamos velocidad en el gesto, lo hemos citado al principio). Y es a partir de aquí que sí podemos progresar hacia un tipo de palas más grandes o añadir otros elementos que aumenten la resistencia muscular de nuestros brazos.
De entrada las palas están pensadas para trabajar el nado de crol con una mayor implicación muscular a nivel brazos. Esto es así debido a que la superficie en contacto con la masa de agua es mayor y más rígida que nuestra mano, con lo que debemos aplicar más fuerza para empujar la masa de agua hacia atrás y así avanzar. El resultado debería ser no sólo propulsarnos más sino hacerlo más rápido…¡bastante más rápido!
Sin embargo ¿que nos sucede a muchos de nosotros? Pues que en el momento de ponernos unas palas primero, se nos escapa la trayectoria de la mano por debajo del agua. Resulta que en lugar de ser nosotros quienes dominamos la pala, es ésta la que dirige donde quiere y como quiere a nuestro brazo y mano. Y esto nos ocurre por varias razones, veamos algunas.
No dominamos el material. Ocurre siempre que introducimos un nuevo elemento. Al no estar familiarizados con las palas el resultado puede ser el contrario del esperado: nos cuesta horrores hacer la tracción acuática y por consiguiente, en lugar de ir más rápidos vamos más lentos y encima nos cansamos mucho.
Falta de dominio sobre el gesto técnico de la remada (a mi parecer la que mayor incidencia tiene). Antes de introducir un material de este tipo conviene haber trabajado en sesiones previas las diferentes fases de la brazada subacuática (agarre, tirón y empuje) y saber aplicar bien las palancas en su conjunto para acelerar la mano mientras se lleva el agua hacia atrás.
Si la técnica de la brazada no es correcta y nos ponemos unas palas nos pasará lo siguiente: primero, al ser la primera vez, sentiremos el efecto de la primera razón que hemos expuesto. Tras varias sesiones usándolas, seguramente seremos capaces de ser nosotros quienes dirijamos su trayectoria.
M A T E R I A L U S O Y M A N E J O
Publicado por Tere Fullana